Las personas que tienen un buen soporte por parte de sus compañeros de trabajo pueden vivir más tiempo que aquellos que no tienen dicho soporte, de acuerdo a una investigación publicada por la American Psychological Association.
El efecto de protección fue solamente encontrado a partir del soporte de compañeros del mismo nivel; el soporte por parte de supervisores o jefes no pareció incidir en el tiempo de vida.
Otro hecho interesante es que en el caso de trabajos “de cuello azul” (obreros, operarios, mecánicos, etc., en fábricas y talleres) los hombres que sentían tener control y autoridad de decisión en el trabajo también experimentaron este efecto de protección. Sin embargo, el control y autoridad de decisión incrementaron el riesgo de mortalidad en las mujeres de la muestra.
Este control y autoridad de decisión se refieren como la libertad de usar la iniciativa y las oportunidades de decidir la mejor manera de usar sus habilidades, así como la libertad de tomar decisiones sobre como completar una tarea asignada a ellos y decidir cómo hacer su trabajo.
Estadísticamente, los hombres tienden a vivir menos que las mujeres, y a morir en una tasa mayor de problemas cardiacos. Esto quizá se debe al estrés provocado por el trabajo competitivo; estrés al que cada vez más mujeres se están enfrentando, sin abandonar sus labores domesticas. Esto, sumado al hecho de que cada vez obtienen mayor libertad y control en su trabajo, aumentando según el estudio citado su riesgo de muerte, puede comenzar a elevar las tasas de mortalidad en mujeres por causas normalmente asociadas a los hombres, disminuyendo su esperanza de vida.
En este sentido, la recomendación parece ser que aquellas mujeres que se incorporan al mercado laboral, y sobre todo aquellas que alcanzan un mayor control y libertad en sus trabajos, pongan especial cuidado en su salud. Además, hombres y mujeres debemos buscar un equilibrio en las cargas de trabajo, laboral o domestico. Aprender los hombres que también tenemos que hacer nuestra parte en el trabajo doméstico, y las mujeres a delegar responsabilidades domésticas entre su pareja y sus hijos. Ya sea cosas pequeñas como poner a los niños de mediana edad a lavar sus trastes o limpiar su recamara, hasta ayudar con el lavado de ropa, limpieza de baños, surtir la despensa y cocinar en el caso de los mayores. Una madre no es menos madre si pone a sus hijos a hacer quehacer. Al contrario, les enseña a ser responsables, y en el caso de los varones, les enseña que el trabajo doméstico no es cosa de ellas, y al crecer estos verán como algo natural el realizar labores domésticas independientemente de sus cargas académicas o laborales.
Fuente estudio: Health Psychology (2011), Vol. 30, No. 3, 269-275
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martes, 10 de mayo de 2011
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