martes, 17 de agosto de 2010

Que Dios nos libre de los fanáticos que lo adoran

La Iglesia católica mexicana y laicos (?) de derecha andan desatados: llamando en calidad de ministros de culto a votar contra un partido, acusando a un Gobernador de sobornar a los Jueces de la Suprema Corte, en Guanajuato cazando a las mujeres que abortan, sugiriendo a sus fieles que acosen a los niños que sean adoptados por homosexuales (para luego decir "se los dijimos")... esto mientras en la perla tapatía se construye un templo para los mártires de la cristiada.
Sandoval Íñiguez habla de lo antinatural que es que una pareja de hombres (o de mujeres) adopte a un niño y se haga cargo de él. Sin embargo dudo que se oponga a horfanatos dirigidos por monjas (puras mujeres) o seminarios (puros hombres), donde adolescentes en pleno hervir de las hormonas crecen rodeados de personas de su mismo sexo, cosa que no creo que les enseñe mucho sobre lo que debe ser una relación de pareja heterosexual. Digo, ver a un hombre besarle la mano a otro en señal de afecto no debe distar mucho de lo que es ver a un hombre besar a su pareja. Y es que vamos, no se trata de que aprueben que los niños adoptados por homosexuales los vean tener sexo y mucho menos que se apruebe que incluso lo tengan los padres con los niños. Se dió sustento legal para que les proporcionen educación, vestido, techo y comida. La ley sigue protegiendo al menor de abuso.
Les dejo una foto para que "encuentren las diferencias". Ambos sujetos nos hablan del amor de Dios y los santos y la Virgen, han renunciado al sexo heterosexual, tienen un chingo de lana, nos hablan de ideas sin sustento científico, reparten bendiciones, se sienten iluminados por Dios y parece que tienen al mismo modista. Y también se parecen en que me daría mucho miedo que cualquiera de ellos me diera "todo su amor".

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